El baldío. No son más que hierbas silvestres, crecidas allí donde la tierra estaba libre. Nadie las plantó, nadie las cortará. El viento las tumba y se levantan de nuevo, mecánicamente. Es la vegetación por defecto, la que no se nota. Una presencia accidental, hecha de sequedad y luz rasante, frágil en apariencia pero tenaz por necesidad.
La impresión está cuidadosamente realizada en México.